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LUCERNA
La ciudad que encarna la esencia de Suiza por su pulcritud y elegancia vive alrededor de su magnífico lago.

Por Eugeni Casanova
En Suiza se forja el modelo de la Europa pulcra, milimetrada y eficiente, lleno de encuadres de postal: montañas nevadas, verdes prados, lagos con cisnes, casitas con geranios... En este universo, Lucerna brilla con luz propia. Richard Wagner, que compuso El idilio de Sigfrido en una mansión junto al lago de los Cuatro Cantones –también llamado de Lucerna–, dijo que éste es el lugar más maravilloso del mundo.
Y la primera imagen que se obtiene de la ciudad, un conjunto medieval con elementos reanacentistas y barrocos, le da la razón.

Un puente muy peculiar
Cuando se desciende al detalle, lo primero que se descubre en Lucerna es su puente de la Capilla, el Kapellbrücke, que se ha convertido en la imagen más característica de la ciudad. Fue construido con madera en el año 1333 sobre el río Reuss y consta de dos tramos de unos 200 metros unidos por una torre octogonal de piedra, la Wasserturm –torre del Agua–. Cada año, Lucerna acoge nada menos que a cinco millones de visitantes que vienen principalmente a admirar este puente; esto convierte a la ciudad en la más turística del país, con lo cual se puede deducir fácilmente cómo es su parte más típica: llena de tiendas de recuerdos y de establecimientos que las complementan.
La ciudad y su entorno no desmerecen al puente. La Kapellplatz es el centro de la parte antigua y de ella parten las calles más animadas flanqueadas por casas del siglo xvi. Detrás de la plaza, se encuentra uno de los edificios más carismáticos de la urbe, la casa Zur Gilgen, gótica, que data del año 1510. En una de sus fachadas, la que da al lago, tiene empotrada una torre cilíndrica que formó parte de las murallas medievales.

Indudables atractivos
Otro edificio notable es el antiguo ayuntamiento, el Altes Rathaus, de estilo renacentista. Junto a él se halla el Am Rhyb Haus, que es uno de los puntos más visitados de la ciudad porque alberga una importante colección de pintura de Picasso. Sin embargo, el museo más concurrido de Lucerna –y de todo el país– es el del Transporte, el más importante de Europa en su género.
Ningún visitante se marcha de la ciudad sin conmoverse frente al León Moribundo –Löwendenkmal–, que se esculpió en 1820 en una pared rocosa para homenajear a los 760 soldados suizos que murieron en París por defender a Luis XIX en 1792. Mark Twain dijo que esta roca es la más triste y estremecedora del mundo.
Justo delante del León se encuentra el llamado Jardín de los Glaciares, que consiste en un lecho de roca donde los glaciares cuaternarios dejaron su impronta y constituye, al decir de los expertos, una maravilla natural.
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