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Lyon, la ciudad más importante del Valle del Ródano, es un gran centro industrial con el encanto de un pequeño pueblo. Numerosos monumentos –desde la época de los romanos– y una cocina de fama internacional atraen a multitud de viajeros.
Por Óscar Caballero Según los esotéricos, Lyon es ciudad mágica. También, católica. En el Renacimiento fue residencia de banqueros italianos –quedan las rosadas mansiones del Viejo Lyon– y, hace siglo y medio, capital de la seda. Atravesada por los ríos Saona y Ródano, a Lyon se aplica, más que a ninguna otra ciudad, la recomendación de la Thora: «no preguntes tu camino; corres el riesgo de no perderte». Para perderse, dos opciones. La primera consiste en adentrarse en el distrito quinto, que, envuelto por el río Saona, concentra las visitas más características de Lyon.
Viejo Lyon y Fourvière Un paseo sin rumbo por este distrito le llevará hasta la catedral de Saint Jean –eternizada en el cine por el lionés Bertrand Tavernier–, a la basílica de Notre-Dame de Fourvière –donde se puede subir en funicular para evitar las escaleras– y al anfiteatro romano. La segunda posibilidad es perderse por la colina de la Croix-Rousse, todo un símbolo de la ciudad y su barrio más castizo. Siga el recorrido de las traboules, esos pasadizos en forma de túnel entre edificios, que sirvieron de vía de escape de resistentes bajo la ocupación nazi; después, para trapicheos y romances. Al barrio también se lo conoció como la colina de los canuts, los obreros textiles. Más de 60.000 malvivían allí en 1835. Su legado: edificios barrocos, habitaciones con cielo raso a cuatro metros de altura, ventanas altas y patio interior. Fue el barrio con mayor densidad de Europa y es todavía el más pobre de Lyon, a pesar de la política de rehabilitación emprendida hace veinte años: de 2.000 alojamientos sin baño en 1995, «sólo» restan 300.
Cocina de prestigio Pero Lyon también destaca por ser meca gastronómica: cocina suculenta, para largas siestas. El símbolo universal de su cocina es Paul Bocuse. Como él, visite de buena mañana el mercado –Halles– de La Part Dieu, a sólo dos pasos de la estación del TGVque puso Lyon a dos horas de París. Compre queso a la Mère Richard y embutidos a Sybille. Desayune como los chefs: ostras en el chiringuito del mercado con forma de vagón de tren. Y hasta el 31 de diciembre, empújelas con una copa de Beaujolais Nouveau: el vino que se vende al mes y medio de la vendimia, y que aparece simultáneamente en Lyon y París, Tokio y Nueva York, Londres y Sidney… Y, según todo lionés que se precie, «es, con el Saona y el Ródano, uno de los tres ríos que irrigan la ciudad».
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