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Visita a las ruinas de Palmira, la legendaria ciudad del desierto sirio
El paseo por la legendaria ciudad del desierto sirio revive una de las épocas más prósperas de Oriente Próximo. El legado de las civilizaciones que la habitaron permanece hoy en día como un libro abierto, rodeado por colinas de arena de color ocre. Babilónica, selyúcida, romana, árabe, ciudad de prosperidad y ciudad de discordia. En mitad del desierto sirio se alzan todavía las ruinas de la que fue una de las ciudades más ricas y disputadas del mundo desde su fundación previa al año 200 a.C. -fuentes cuestionables atribuyen su origen al mismísimo rey Salomón, en el X a.C.- hasta su destrucción en 1089 a causa de un terremoto. La colina que se alza frente a las murallas de Palmira aloja su santuario más venerado: el templo babilónico dedicado al dios Bel o Baal. Resistió más o menos incólume hasta el siglo XV y, en la actualidad, es uno de los vestigios más impresionantes de Palmira por la solemnidad de sus tallas en la roca, la magnitud del patio interior y el casi intacto pasillo que asciende hasta el altar del sacrificio. Con la conquista romana Tadmor -nombre de la Palmira babilónica- pasó a ser Palmira (del latín ‘palma’, palmera) y, aunque mantuvo su planta oriental, adoptó las estructuras comunes del Imperio. La arteria central era la gran Vía Columnaza, de 1.200 metros y flanqueada por más de 200 columnas. Otra aportación arquitectónica de Roma es el Teatro (siglo II), que permaneció enterrado en la arena hasta 1950 y que ahora acoge espectáculos culturales. Más allá se alza el Tetrápilo, cuatro grupos de cuatro columnas sobre un pedestal, que marca la intersección de la Vía Columnaza con otra avenida principal. En el Valle de las Tumbas diversos frescos y relieves decoran el hipogeo de los Tres Hermanos, una de las cámaras funerarias más ricas. La mayoría de los retratos tallados que decoraban los nichos nobles se encuentran hoy en museos -el Nacional de Damasco tiene la colección más completa-, pero el paisaje es tan sobrecogedor que impone su propio silencio. Su localización estratégica y sus manantiales convirtieron a Palmira desde el siglo I d.C. en provincia romana y parada obligatoria en la Ruta de la Seda. Pero su posición terminó siendo su propia ruina, ya que la condenó a sufrir constantes asedios como ciudad limítrofe de la zona oriental del Imperio. Fuera de Palmira aún se mantienen en pie las fortalezas que contenían las invasiones otomanas. Dos de ellas quedan un tanto alejadas del complejo arqueológico, pero el castillo de Qalaat Ibn Maan (siglo XVII) es mucho más accesible y ofrece una buena perspectiva de toda la ciudad.

La actual Tadmor se sitúa 210 km al sur de Damasco, la capital de Siria. La antigua ciudad-oasis alcanzó su esplendor en el siglo ii y hoy sus ruinas son el testimonio de varias civilizaciones. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1980.

A TENER EN CUENTA
Para viajar a Siria se precisa el pasaporte en regla y un visado turístico que se tramita a través de una agencia de viajes o de la embajada siria en España. El idioma oficial es el árabe, pero el inglés es de uso frecuente en hoteles y lugares turísticos. La moneda de curso oficial es la libra siria. La diferencia horaria con respecto a España es de una hora más. Siria es un país musulmán por lo que conviene ser respetuosos con sus normas sobre indumentaria. En verano las temperaturas pueden alcanzar los 450 C.

LLEGAR Y DESPLAZARSE
Compañías nacionales e internacionales ofrecen vuelos directos desde Madrid y Barcelona hasta Damasco, la capital siria. En el aeropuerto existen líneas de autobús con destino a las principales ciudades sirias. La fórmula más cómoda es contratar un coche con guía a través de una agencia local. El traslado desde Tadmor a las ruinas de Palmira, a 20 minutos de distancia, puede realizarse en microbús. El recorrido por el sitio arqueológico, con una superficie total de 6 km2, se realiza andando.

ALOJAMIENTO
La nueva ciudad de Tadmor, a 3 km de las ruinas de Palmira, posee una variada infraestructura hotelera, con establecimientos de diversa categoría. Una experiencia diferente es dormir en el desierto en una tienda beduina acondicionada (www.zenobiacamp.com).

TEMPLO DE BEL
Dedicado al culto de Bel, el dios supremo, es el vestigio más grande y mejor conservado de Palmira. Se encuentra fuera de las murallas, sobre un promontorio. Sus orígenes se remontan al año 32. En el siglo v fue reconvertido en iglesia y, en el siglo XII, en fortaleza por los árabes. Conserva su estructura original, en la que destaca un patio cuadrado de piedra maciza y el altar de los sacrificios, así como tallas y decoraciones mesopotámicas y grecorromanas. Para acceder hay que pagar entrada. Conviene visitarlo temprano para evitar las horas de calor y disfrutar de las primeras luces.

VÍA COLUMNADA
La Vía Columnada era la arteria principal de la antigua ciudad romana, que la cruzaba de este a oeste partiendo del templo de Bel. Tiene una longitud de 1.200 m y está formada por más de 200 columnas –algunas de las que se ven hoy en día son originales–. En uno de sus extremos hay un arco monumental y a los costados, restos del Ágora y del antiguo Teatro. Coincidiendo con la intersección de las dos arterias principales se halla el Tetrápilo, un conjunto de cuatro grupos de cuatro columnas de granito rosa que originariamente enmarcaban la estatua de Zenobia, reina de Palmira de 267 a 272.

EL VALLE DE LAS TUMBAS
Al oeste de las ruinas se encuentra este valle, que reúne una serie de edificaciones mortuorias. Destacan la Torre de Elahbel, un mausoleo de cuatro plantas y una cuidada ornamentación interior, y el hipogeo de los Tres Hermanos, con más de 400 nichos y decorado con frescos. Las entradas al valle pueden adquirirse en el Museo Arqueológico, situado en la entrada de la ciudad moderna. Al oeste, sobre una colina que ofrece las mejores vistas de la ciudad de Palmira, está el Qalaat Ibn Maan, un castillo árabe del siglo XVII al que se puede acceder en coche o realizando un paseo de 45 minutos.

FORTALEZAS DEL NORTE
Al norte de Palmira y a orillas del río Éufrates se alza la ciudad fortificada de Halabiyya, fundada por Zenobia en el siglo III. También al norte, pero más alejada, a 110 km, está Qasr al-Hir ash-Sharqui, recinto con restos de un palacio y torres defensivas construidas en el siglo viii. La mejor hora para apreciar su belleza es al atardecer. En ambos casos se recomienda ir acompañadode un guía.

GASTRONOMÍA
Los platos más típicos son el shawarma (pan relleno de carne de cordero o pollo) y el kibbe (guiso de trigo molido y cordero). Destaca la repostería, con dulces elaborados con pistachos, miel, almendras y dátiles. La bebida más popular es el arak, un tipo de anís que se sirve con hielo y mezclado con agua o té.

BIBLIOGRAFÍA
Guías: Descubre Siria, Jordania e Israel. Travel Time, 2009.
Siria y el Líbano. GeoPlaneta, 2009.

MÁS INFORMACIÓN
Embajada de Siria en España: plaza Platería Martínez, 1 (28014, Madrid). Tel. 914 201 602.
Internet: www.visit-syria.com y www.siria.es.
 


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