Este parque natural y Reserva de la Biosfera preserva la esencia de la montaña asturiana en sus paisajes y en su valioso patrimonio etnográfico. Pola de Somiedo, capital del concejo, es la mejor base para conocer pueblos vaqueiros y ascender al Lago del Valle. Somiedo es la porción más aislada y pura de la montaña astur. Un territorio fronterizo entre Asturias y León, con grandes desniveles, lagos y manantiales, alejado de las principales rutas comerciales, que aún hoy tiene la menor densidad de población del Principado -en 1940 había unos 6.000 vecinos en el valle, ahora apenas quedan 1.600- y en el que han pervivido formas de vida perdidas ya en otros valles vaqueiros. En la carretera AS-227, que cruza longitudinalmente Somiedo, las señales que indican cruce de animales llevan la silueta de dos osos, pues en este enclave de la cordillera Cantábrica vive la mayor colonia osera autóctona del sur de Europa. El de La Cueva junto con los de Calabazosa y Cerveriz forman los lagos de Sapiencia, uno de los mayores conjuntos lacustres de la cordillera, por donde discurren numerosas rutas senderistas. Conforme empieza el descenso por el río Sapiencia aumentan los hayedos, los robledales y los abedules. Aparecen también las primeras brañas -pastos que aprovechan la hierba tardía del verano- y los ‘teitos’, el elemento más identificativo de Somiedo. Estas cabañas con muros de piedra y techo de palos y escoba negra servían a los vaqueiros para guarecerse. Con apenas 200 habitantes, la Pola de Somiedo, capital del concejo, es la mayor concentración urbana del municipio, aunque preserva su aire de villa tranquila. Aquí se ubican los principales servicios, además de la oficina de turismo, el Centro de Interpretación del Parque Natural de Somiedo y la sede de la fundación Oso Pardo, la organización que vela por la conservación de este mamífero, extinguido en buena parte de Europa. Pero Pola es, sobre todo, la base para ascender a Valle de Lago, a once kilómetros. El itinerario que sube al lago del Valle, el mayor de Asturias, dura dos horas y media y carece de dificultad. A medida que se asciende, los bosques quedan atrás, surgen cabañas de ‘teito’ y finalmente aparece el lago, rodeado de picos escarpados que rozan o superan los 2.000 metros de altitud. De nuevo en Pola de Somiedo, conviene sentarse a comer un buen pote de berzas, con su compagno de morcilla, tocino y chorizo, un chuletón de carne ‘roxa’ o una fritada de cordero. |